EL JUBILADO – Poema de Héctor Gagliardi- Poeta

EL JUBILADO – Poema de Héctor Gagliardi

Le dijeron, se jubila,despuéslo felicitaron,
y mas tarde le obsequiaron en la infaltable cantina,
el adiós de una comida y un pergamino estirado,
que a peso por invitado se firma, con tinta china.

Fueron llegando empleados,ordenanzas y peones
que colmaban de atenciones al flamante jubilado.
Todos muy bien afeitados,luciendo esos trajes nuevos
que se llevan al empleo cuando ya están mas usados.

Hizo su entrada triunfal como siempre- el de la foto-
puso unos sobre otros,autoritario y teatral,
para llegar al final después de cinco fracasos
sacudir de un fogonazo la calma del restaurant.

Mas tarde a lucir las flores,que estaban sobre las mesas
y al repetir, mayonesa,lo mismo que los ravioles,
se aflojaron cinturones y entre solapas con talco
el pollo paso por alto por postre, café y licores.

Vino después, como siempre el discurso pegajoso,
con los sereis y vosotros que se oyen tantas veces,
donde se ahogan las eses por el peso del menú,
y terminan con salud¡Que la disfrute con suerte!

Mas tarde, al tomar mas!Aprovechando el cubierto,
el sucesor de su puesto fue la figura central.
Una miguita de,pan,y después un pan entero,
y al rato, sección internos se peleaban con Central.

Y entre saludos y aplausos el jubilado aturdido,
se fue con el pergamino apretado, bajo el brazo.
La calle tenia raso y la luna era de harina
y de la Recova caían las emes,sobre el asfalto.

Paso de activo a pasivo en el Mayor de la Vida
al jubilarse se archivan los desengaños sufridos.
Cruel desquite del Destino,que al darle su Independencia
se cobra en indiferencia un descanso merecido.

Sin saber lo que sentía abandonado asimismo
rodaba por los abismos que hacia tiempo presentía.
El Domingo,pasaría ese día no contaba
pero, el Lunes, debutaba como actor de la Rutina.

Seria ese jubilado que hasta en su casa molesta,
tendría que hacer la siesta y aguantar a los de al lado
a misa y al mercado ayudar a su mujer,
podar, pintar y barrer, y no fumar,demasiado.

Conformarse con dolor a ser,ése Don del barrio,
y pasarse con el diario leyendo en el corredor.
Y ser, para el vendedor de toallas o tomates,
el anónimo marchante del nueve cincuenta y dos.

Y apretado al pergamino allá sigue el jubilado,
como, un ex que ha diplomado la ironía del destino.
Un alerta de suspiros
lleva el aire centinela y parece una diamela
la Luna mirando al rió!

Le dijeron Se jubila,después lo felicitaron,
y mas tarde le obsequiaron en la infaltable cantina,
el adiós de una comida y un pergamino estirado,
que a peso por invitado se firma, con tinta china!

Fueron llegando empleados,ordenanzas y peones
que colmaban de atenciones al flamante jubilado.
Todos muy bien afeitados,luciendo esos trajes nuevos
que se llevan al empleo cuando ya están mas usados.

Hizo su entrada triunfal como siempre el de la foto
puso unos sobre otros,autoritario y teatral,
para llegar al final después de cinco fracasos
sacudir de un fogonazo la calma del restaurant.

Mas tarde a lucir las flores,que estaban sobre las mesas
y al repetir, mayonesa,lo mismo que los ravioles,
se aflojaron cinturones y entre solapas con talco
el pollo paso por alto.

Por postre, café y licores.Vino después, como siempre
el discurso pegajoso,con los sereis y vosotros
que se oyen tantas veces,donde se ahogan las eses
por el peso del menú,y terminan con salu.
Que la disfrute con suerte Mas tarde, al tomar mas!

Aprovechando el cubierto,el sucesor de su puesto
fue la figura central.
Una miguita de pan,y después,un pan entero,
y al rato, sección internos se peleaban con Central.

autor: Héctor Galiardi

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